sábado, 9 de octubre de 2010

Levitaciones


Mi cuerpo es a la vez condición, oportunidad e impedimento; un punto de partida existencial para cualquier desarrollo espiritual”. Marina Abramovic


"Aunque el éxtasis nos trae el gozo, la debilidad de nuestra naturaleza al principio nos asusta y necesitamos ser resolutivos y valientes de alma... Ocasionalmente he podido resistirme, pero a coste de un gran agotamiento, por lo que luego me sentiría como si hubiera estado luchando con un gigante poderoso.

Otras veces, la resistencia ha sido imposible: mi alma se ha ido, es más, como una norma mi cabeza tampoco sin mí puede evitarlo; a veces mi cuerpo entero ha estado influido hasta el punto de ser elevado desde el suelo. Parecía que cuando intentaba resistirme una gran fuerza me levantara. Confieso que me metía de lleno un gran miedo, un gran miedo es más al principio: viendo un cuerpo que se eleva de la tierra, aunque el espíritu se detiene (con gran dulzura como sin resistencia), los sentidos no se pierden; al fin era tanto yo como poder ver que estaba siendo elevada... Después el éxtasis se terminó, Tengo que decir que mi cuerpo parecía a menudo flotar, como si todo el peso hubiera ido, tanto que de vez en cuando apenas supe que mis pies tocaban el suelo..." Santa Teresa de Jesús

viernes, 8 de octubre de 2010

Sobre la Quiescencia


En La fábrica de lo absoluto, novela que Karel Capek escribió en 1922, se habla de la creación de un carburador atómico que extrae energía a partir de la materia que desintegra, dejando en el proceso un residuo: Dios.
“ Imagínate que lo Absoluto está contenido en la materia en forma latente, como si dijéramos en estado de energía potencial; o bien, sencillamente, que Dios es omnipresente y que, por tanto, se halla presente en la materia, en cada molécula de materia. Y ahora imagínate que destruimos totalmente un trozo de materia, en apariencia sin residuos, sin ningún desperdicio. En este caso, si la materia es, en efecto, un conjunto de masa y espíritu, se destruye solamente la masa y queda un remanente indestructible: el Absoluto puro, liberado y activo. Queda un residuo sin descomposición química posible, un residuo del cual no se puede hacer un análisis especial, que no tiene peso atómico ni afinidades químicas, que no obedece a las leyes de Mariotte ni posee absolutamente ninguna de las propiedades de los cuerpos físicos. Queda Dios en estado puro. Una especie de nada química que actúa con extraordinaria energía. Por ser inmaterial no está ligada por ley material alguna. De ello se deduce que puede manifestarse de forma antinatural y en cierto modo milagrosa”

Y es que Dios, según las premisas del libro, está fundido con la materia, de forma que, al eliminar la materia para obtener energía, se genera un proceso en el que el Absoluto, lo Divino, el Espíritu contenido en ésta, queda liberado, manifestándose así la divinidad en el entorno del carburador. De esta forma, la gente que trabaja o vive cerca de estos artefactos comienza a experimentar un éxtasis místico, levita, adquiere la capacidad de obrar milagros, de profetizar... se ve impregnada del espíritu liberado y esto hace que cambie su vida.
Finalmente esta tremenda expresión liberada y arrebatadora de la divinidad produce un caos mundial terrible, en donde se considera que es mucho mejor que lo Absoluto se encuentre en donde se ha encontrado siempre, es decir, escondido y, en definitiva, quiescente, latiendo en el ser, en la materia, como un potencial subyacente, ya que no podemos abordar la fuerza tan terrible de su presencia infinita desvelada absolutamente, invadiendo toda nuestra finita fisicidad.

El proceso creativo podemos considerar que tiene en sí mismo, en su funcionamiento, algo de la capacidad de esa máquina, del carburador imaginado por Capek. El o la artista vendrían a ser como estos carburadores que transforman la materia, serían aquellos que indagan en el potencial quiescente que la contiene, los mediadores que hacen posible la liberación total o parcial de ese potencial.

“Son conocidas- dice Bernardo Pinto de Almeida- las expresiones atribuidas a famosos escultores (desde Miguel Ángel a Rodin) en que su ejecución, su trabajo, era un intento de liberar el alma de la piedra, dándole la forma que ella pedía, dejando hablar en ella a un soplo vital que, en bruto, la bloquearía. Esta metáfora alude a la noción de que hay algo ya en los materiales que sugiere (o reclama) el surgimiento de una forma. Y que el momento del acontecimiento de la obra se constituye en el instante en que la imaginación potencialmente contenida en la materia encuentra (fortuitamente) aquello que, por la intervención de su imaginación, la descubre, igual que el príncipe que despierta a la bella durmiente”.

Se puede tratar de un proceso de rendición a la materia que nos percibe y que cuando dejamos de mirar como algo ajeno, rindiéndonos a ella, nos puede llegar a hablar como si fuera parte de nosotros mismos. Desde ahí, desde esta actitud, se puede dar una comprensión de lo que se va manifestando en el proceso creativo, en la acto de interactuar con la materia, de dejarla y dejarnos fluir en permanente conexión con ella, a través del surgimiento de una imagen, o de un objeto. Conectarse con lo que se haya quiescente o, en definitiva, latiendo entre nuestra fisicidad y la de la materia que presenciamos, que se manifiesta y, a su vez, nos presencia, dándole unidad, aunando. Liberar o, tal vez simplemente, dejar ser y mostrar esa energía potencialmente contenida.
Como si una pintura fuera una especie de crisálida, contenedora de una imagen, de un Absoluto, al que hay que dejar tiempo y silencio para vislumbrar, hasta que, tal vez, llegue un día en el que la imagen alumbre, sin más; y, lo que estaba quiescente, estalle irradiando su energía, como la de un agujero negro, devoradora e implacable, o como la de una semilla, mostrando su esplendor cuando deviene en fruto o flor aquello que la contiene.

Loretobs